De interés

Homenaje póstumo al Prof. Armando Ramírez

 

Discurso del Dr. Carlos Carlos Yanes, Orador de Orden durante el Acto de Imposición de Medallas de la Primera Promoción de Pregrado 2012:

 

SEMBLANZA  AL  EPONIMO Dr. ARMANDO RAMIREZ.

Ante todo muy buenas tardes.

En primer lugar quiero agradecer a las autoridades de la Facultad de Ciencias por haberme designado como orador de orden de este importante acto académico. Para mí es un honor y una gran satisfacción estar  ante ustedes esta tarde en la  Primera Promoción de Pregrado 2012, que por su decisión  han denominado Homenaje Póstumo al Prof. Armando Ramírez. Hoy le  hacen honra a su persona, y más aún  a su trayectoria como docente-investigador. Una iniciativa por la cual su familia, colegas y amigos no podemos agradecer lo suficiente.

Voy aprovechar este momento para presentarles,  con cariño y gran aprecio, una corta semblanza de él. Especialmente de los primeros años de su trayectoria de vida, tanto personal como profesional. A mi criterio su actuación en este período es un ejemplo a seguir para todos aquellos jóvenes que como ustedes han culminado una etapa importante de su vida y se incorporan a enfrentar nuevos retos tanto profesionales como personales y ciudadanos. Felicitaciones a todos por este   logro tan significativo que se propusieron alcanzar  hace pocos años, cuando decidieron estudiar en esta prestigiosa Facultad de Ciencias.

Hablar de alguien que ha tenido tanta influencia en la formación de muchos profesionales venezolanos, egresados de nuestra magna alma mater, la UCV, y de otras universidades del país, y de su efecto multiplicador, es algo muy difícil y delicado porque hay una alta probabilidad de quedarse corto. Particularmente por el tiempo de exposición que tengo para hacerlo y por las múltiples enseñanzas que nos ha dejado, no sólo en el ámbito académico, sino fundamentalmente a través de su ejemplo de vida; tal como aparece en “La historia de un extraordinario ser humano”, escrito por Guillerma, su amada esposa, y  sus hijas Rosana, Luisa y Guillermina o “queridas niñas”, como solía referirse a ellas.

Gracias a esta narrativa y a las diversas opiniones que pude recabar  de  colegas, estudiantes y amigos, la redacción  de esta semblanza sobre un hombre que llena de orgullo a su gran tierra natal Cariaco, en el estado Sucre, no ha sido tan compleja como al principio  pensé.

El Dr. Ramírez nació el 27 de agosto de 1947. Hijo de Luisa Rojas y Pedro Ramírez. Creció en una familia de 14 hermanos y hermanas en un medio rural. Fue el mayor de los hermanos, con la responsabilidad  que eso implicaba. Su padre fue agricultor y él vendía sus productos, trasladándose largas distancia a pie y en burro.

A los 8 años, sufrió de fiebre tifoidea, padecimiento que lo mantuvo en cama durante varios meses y casi lo lleva a la muerte. Su recuperación coincide con la creación de nuevas escuelas en los espacios rurales, en una época en donde las maestras iban a buscar a los niños de casa para que sus familias lo inscribieran en la escuela. Es así como a la edad de nueve años, inicia la escuela primaria, “hecho un esqueleto y usando un bastón por lo débil que estaba”, como él mismo lo describiera.

Al ser muy buen estudiante y dar muestra de una madura inteligencia, el niño Armando siempre consiguió el apoyo de sus maestras para llevar sus estudios al próximo nivel.

A los 15 años comienza sus estudios en la Escuela Técnica de Cumana y luego de dos años partió a Caracas para proseguir sus estudios y graduarse de Técnico Químico, en el año de 1969, en la Escuela Técnica Industrial de los Chaguaramos, luego de conseguir una beca de 100 Bolívares.

Su primer trabajo fue en el Ministerio de Minas e Hidrocarburos, en el Laboratorio de Muestras de Rocas y Aguas, adscrito a la División de Estudios Especiales. El era el responsable de los análisis por vía húmeda de estos materiales, y fue allí donde conoció al profesor Carlos López Eyzaguirre, quien en ese momento realizaba el trabajo experimental de su tesis doctoral, con el apoyo del ministerio. En ese año, este ministerio inicia un programa de formación en el exterior de su personal profesional y técnico más destacado, y la geólogo Cecilia Martín, jefa de esta División, le ofrece una beca al muchacho de Cariaco para estudiar en los Estados Unidos, después de recibir las recomendaciones de su supervisor inmediato, el jefe del laboratorio, y del Prof. Carlos López Eyzaguirre. Eso hizo en el año 1970, cuando comenzó a estudiar química e ingeniería de minas.

Cuatro años más tarde obtuvo el título de “Mineral Engineering – Chemistry”, en “Colorado School of Mines University”, tiempo que rara vez se tarda un egresado técnico. Esto debido al buen registro de notas en la Escuela Técnica Industrial y a los excelentes resultados de sus evaluaciones que le permitieron obtener  equivalencias en varias asignaturas. “Yo no sabía ni que era eso que iba a estudiar pero, yo acepte”, comentó él a sus niñas.

Sus méritos académicos fueron reconocidos rápidamente por  profesores muy distinguidos en el área de la geoquímica en aquella Universidad, pionera en esa época en los estudios de cuarto nivel de esta disciplina, entre los que se encontraba Terry Wildman, quien fue  Director del centro para la excelencia en la enseñanza de pregrado. El, junto al profesor Eyzaguirre, lo convencieron y guiaron para continuar estudios en “Colorado School of Mines”  donde le otorgaron el título de “M.Sc. Geochemistry” en 1976.

En ese año regresa a Venezuela e ingresa como docente en nuestra Universidad, en el Instituto de Geoquímica, en la Sección de Geoquímica de Bajas Temperaturas. Allí dicta Principios de Geoquímica, junto a los profesores Henry Briceño y Ramón Sifontes, e impulsa la asignatura electiva de Geoquímica de Campo. Cursos que tuve la fortuna de tomar con él, junto a un grupo de estudiantes entusiasmados por aquella personalidad característica de un joven profesor carismático; de mucho talento y con una lógica implacable; mago en el cálculo numérico, sin el uso de su calculadora de bolsillo HP; y en el análisis e interpretación de tablas rudas de datos químicos y fisicoquímicos de ambientes naturales. Crítico radical con conocimiento de causa, en la mayoría de los casos;  muy dedicado a su trabajo, para nuestro gusto, sobre todo en esta etapa de la vida, donde abundaban las fiestas, las competencias deportivas y los días de playas con las novias; pero sobre todo de muy buen humor y de amable sonrisa.

En el año  1976 entra como Instructor a formar parte de  la nueva Sección de investigación del Instituto de Geoquímica, creada por el Consejo Técnico de este  Instituto;  la Sección de Contaminación Geoquímica, bajo la tutela del Dr. Claudio Bifano, en su Plan de Formación, quien era el Jefe de dicha sección. Esta sección da apertura formal a los estudios de contaminación en el país con un enfoque geoquímico,  a través del estudio de la contaminación de la Cuenca del Río Tuy, nombre que recibiría más tarde su primer proyecto de estudio, en autoría junto al Dr. Bifano, y cuyo financiamiento se logró a través del Consejo Científico y Humanístico de la UCV. 

En el año 1979, y asociado con la línea de investigación de Contaminación Geoquímica de Aguas y Sedimentos, seis muchachos tuvimos el agrado de ser sus primeros tutoreados  y engrosar la larga lista de Trabajos Especiales de Grado dirigidas por él en su recorrido como docente-investigador; más de 60 en las áreas de: Geoquímica, Biología y Química.  Es con este trabajo donde tuve la oportunidad de compartir parte de su intelecto y de su valioso tiempo, de conocerlo mejor como profesor y como persona. En nuestras conversaciones de campo, debajo de un árbol o sentado a la orilla de un río, cada palabra suya era una enseñanza, por lo que decía o quería decir, y lo más importante por lo que necesitaba saber, en esa etapa tan importante de mi vida: mi formación como profesional, investigador, y especialmente como persona y futuro docente de esta universidad.

Recuerdo que en una de mis conversaciones con él, y reflexionado sobre lo que me decía, me dije, con mucho respeto, como siempre lo tuve hacia su persona y muy cariñosamente: ¡ Este negrito va a llegar muy lejos !, y así fue. Imagínense: miembro del Comité Venezolano del Proyecto de experimentación a gran escala Biosfera-Atmosfera en la  Amazonia, internacionalmente reconocido por las siglas (LBA); miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC); “Vice-Chairman y Chairman”, del Grupo de Trabajo I y Co-ganador del Premio Nobel de la Paz-2007 como miembro del IPCC. Ademas de: miembro del Consejo Técnico del Instituto de Ciencias de la Tierra, Coordinador de Investigación de nuestra Facultad, Coordinador del Postgrado Inter-facultades en Gestión de los recursos Naturales (CENDES), y de muchos otros  cargos más, y de distinciones, que ustedes en pocos momentos conocerán al ser leído su Currículum Vitae; pero otra no menos notable es que perteneció al grupo AAA; es decir a la Asociación Venezolana de Profesores Activos Jubilables, pero no Jubilados Activos, Ex-Directores de la Facultad de Ciencias de la UCV, conformada actualmente por dos ex-Decanos: los Dres.  José Zubiri e Ivan Escalona, y otros destacados profesores de nuestra facultad.

También mantengo gratos recuerdos de esta etapa académica. Uno de estos fue el día de la presentación y defensa de mi Trabajo Especial de Grado sobre el río Tuy. En un pasaje de mi exposición advertí que el profesor Ramírez estaba como dormido, y esto me preocupó. Luego al finalizar e iniciarse el período de preguntas de los miembros del jurado, mi tutor continuaba callado y adormitado, y pensé, “bueno y quien va a apoyarme en mis respuestas, si está dormido”.  Cuando estaba respondiendo a unas de las preguntas, ignoré un dato de una de las tablas e inmediatamente mi tutor intervino, precisando las cantidades exactas que había ignorado y realizando un análisis magistral de los datos de esta y otras tablas que estaban correlacionadas. Allí me dije, este hombre no estaba para nada dormido, solo estaba administrando muy bien su silencio, como siempre lo hizo; para dar la respuesta precisa de lo que se quería saber, en el momento oportuno  y  en pocos segundos.

Después de ampliar a otras cuencas fluviales del país su tema de investigación, como fue el Caso del río Turbio, con la Sección de Geoquímica de la Contaminación, vuelve a Estado Unidos en 1983 a realizar sus estudios de doctorado, en “Pennsylvania State University”. En esta universidad obtiene el título de Ph.D. en “Geochemistry and Mineralogy”. A su regreso  continúa su carrera académica, dedicándose principalmente a la investigación  en el área ambiental de sistemas acuáticos y estudio de cuencas fluviales, pero ahora abordando también problemas de contaminación de aire y suelos, contaminación de sistemas marinos y sobre los cambios climáticos globales. Acompaña esta labor dictando varias asignaturas de pregrado y postgrado en distintas licenciaturas y programas  de pregrado y postgrado de la Universidad Central de Venezuela, la Universidad de Oriente y la Universidad Simón Bolívar; e interactuando con investigadores  y profesores de estas instituciones para llevar proyectos de investigación en conjunto.

En un corto período de tiempo logra un rápido ascenso y reconocimiento como investigador a nivel nacional e internacional. Perteneció al Programa de Promoción del Investigador (PPI) del CONICIT, y al Programa de Estimulo a la Investigación e Innovación (PEII) 2011, Nivel C.  Sin embargo, creo que más allá de su actividad intelectual y científica, fue su calidad humana lo que lo hizo tan querido y admirado.

 Hoy lo recuerdo como si fuera ayer, con la actitud agradable y sonriente que siempre tenía, y las palabras amables con las que se dirigía a todo el mundo. Siempre enterado de todo, sin la necesidad de usar un celular. Sencillo en su forma de actuar y en su apariencia, sin le tediosa formalidad de una corbata en cualquier tipo de acto. Cien por ciento ubicable por estar todos los días laborables,  y casi todos los no laborables, en nuestra Facultad, y antes de las 7:00 a.m.  Sin duda, fue un gran amigo.

 Creo que la mejor manera de plasmarlo es con las palabras que él usó el día que me gradué de Licenciado en Química para referirse a lo que todo profesional debe aspirar a partir de ese momento:

 “hay nuevas obligaciones que asumir: el ejercicio profesional, con ética, humildad, dedicación y perseverancia. Se siempre tu mismo; No dejes pasar las oportunidades y nunca olvides tus raíces y quienes te formaron“

 

¿Qué más puedo decirles? Hoy tenemos su ejemplo por seguir. Como bien lo expresaron sus queridas niñas:

Quienes los conocimos y quisimos, sabemos que era un hombre integro, brillante, un ser generoso y desinteresado, humilde y abnegado. Fue un excelente esposo, padre, hijo, hermano, amigo, profesional

Muchos éxitos y gracias a todos por acompañarme en esta hermosa tarea.

                                                    Prof. Carlos E Yanes